14 jul. 2010

Evolución

Nos gusta creer que somos seres racionales, humanos, conscientes, civilizados, considerados,… pero cuando la vida se complica, aun que solo sea un poco, la evidencia salta a la vista. No somos mejores que los animales. Tenemos pulgares prensiles, pensamos, caminamos erguidos, hablamos y soñamos, pero lo más profundo de nosotros sigue en los fangos primigenios, mordiendo, arañando, viviendo en un mundo frio y oscuro, como los sapos y los perezosos.

 

Hay un animal dentro de todos nosotros y quizá eso sea bueno. Nuestro instinto animal nos impele a buscar el calor, la compañía de la manada. Quizá nos sintamos enjaulados o quizá atrapados, aun así podemos hallar algún modo de sentirnos libres. Somos los cuidadores de los demás, somos los guardianes de nuestra humanidad y, aun que hay una bestia dentro de todos nosotros, lo que nos diferencia de los animales es que podemos pensar, sentir, hablar y amar y contra todo pronóstico, pese a nuestro instinto, evolucionamos.

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