20 jul. 2009

Aquella noche...


Cerré los ojos... Ahí estabas tú, en la oscuridad, bailando conmigo. Aquella noche te soñé, apareciste en mi pensamiento, aquella noche me dolías dentro, aquella noche fue la más larga del invierno.

Aquella noche me miraste, te sentí mío, aquella noche deseé no despertar nunca, solo aquella noche... y me deje cubrir de silencio para no perturbar tu sueño, porque aquella noche prometer era mentir y saber solo era estar equivocado. Después, me cubrí de blanco para darte luz, y también de negro para darte sombra. Te recuerdo aquella noche, sin excusas, sin mentiras... solos tú y yo, y con el mismo silencio con el que entré en ti, también salí. Al tiempo que abriste los ojos clavaste en mi tu mirada y te reíste como nunca. Comprendí entonces que la risa puede hacer mucho más daño que palabra alguna.

Esas risas continuas, dueñas de mi cabeza que petaban en mis oídos repitiendo “Tú no existes, estás ahí pero no te veo”. Entonces te levantaste y comenzaste a caminar, sin mirar hacia atrás, como sino pisases el suelo, yo solo podía seguirte con la mirada, y de repente, como si de un sueño se tratara, tú ya no estabas ahí. Una oscuridad embriagadora azotaba mi soledad, aquella noche olía a ti, aquella noche me deseaste. No importa que tan solo fuera esa noche, porque se que tu sentiste lo mismo.

Desperté de mi sueño y ahí estabas tú, tu olor llenaba la habitación, y sin más explicación de la que mi alma me pudo dar, desapareciste de nuevo entre las sombras de la noche. Prometo que solo quería dormir, olvidarme del mundo y que el mundo se olvidase de mí. Mis ojos caían y aquella noche prometí amarte el resto de mis días. Aquella noche te amé sin límites... Tan solo aquella noche.

1 comentario:

  1. Es muy bonito, te lo he dicho antes y te lo vuelvo a decir ahora: vales para la poesia^^

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